¿Debe un abogado llevar anchetas navideñas al juzgado para que su proceso avance?

En el ejercicio de la profesión jurídica existen prácticas que, aunque puedan parecer pequeñas, tradicionales o incluso inofensivas, tienen el potencial de afectar profundamente la percepción de la justicia.

Una de ellas es la costumbre —especialmente en épocas de fin de año— de llevar a los despachos judiciales buñuelos, pandebonos, natilla, anchetas navideñas, licores u otros obsequios, presentados como gestos de cortesía o agradecimiento.

En el ambiente jurídico esta práctica es conocida. No es extraño escuchar expresiones como “llevar un detalle al despacho” o “ser agradecido con el juzgado”. A primera vista, podría parecer un gesto inocente. Sin embargo, cuando quien entrega esos obsequios es un litigante o un abogado con procesos en trámite, la situación adquiere una dimensión ética mucho más compleja.

La justicia no solo debe ser recta. También debe parecerlo ante los ciudadanos.

En mi ejercicio profesional he procurado mantener una línea clara: no llevar regalos ni obsequios a los despachos judiciales. Mi actuación se ha limitado a lo que considero correcto en un Estado de Derecho: presentar memoriales, sustentar jurídicamente las pretensiones, interponer los recursos procedentes y confiar en que las decisiones se adopten conforme al derecho, al turno y a criterios objetivos.

Esa convicción se fortaleció con un caso que marcó profundamente mi vida profesional. Se trataba de una pensión de sobrevivientes solicitada por una madre viuda con hijos menores de edad. Lo que estaba en juego no era un beneficio accesorio, sino el sustento básico de una familia.

Ese proceso tardó aproximadamente once años en resolverse entre primera y segunda instancia.

Durante todo ese tiempo jamás llevé regalos, anchetas ni ningún tipo de obsequio al despacho judicial. Mi actuación se limitó a argumentar jurídicamente, insistir por las vías legales y confiar en que el proceso avanzaría conforme al derecho.

No afirmo —porque no tengo prueba directa— que la duración de ese caso haya obedecido a la ausencia de regalos. Sería irresponsable presentarlo como una certeza. Pero sí es innegable que existe una percepción extendida entre muchos litigantes según la cual ciertas “atenciones” hacia los despachos pueden generar mayor cercanía, mejor disposición o un trato preferente en algunos casos.

Y esa sola percepción ya constituye un problema institucional serio.

Cuando un ciudadano observa que su proceso puede tardar años mientras, paralelamente, circulan obsequios hacia los despachos judiciales, la confianza en la justicia comienza a erosionarse.

Por esa razón elevé recientemente un derecho de petición al Presidente de la Corte Suprema de Justicia, solicitando que esta práctica sea analizada institucionalmente y que se adopten lineamientos claros para evitar cualquier situación que pueda comprometer la confianza de los ciudadanos en la administración de justicia.

La intención no es atacar a la Rama Judicial ni cuestionar la honorabilidad de los jueces, cuya labor respeto profundamente. Por el contrario, el propósito es abrir una reflexión necesaria: proteger la legitimidad de la justicia y fortalecer la confianza ciudadana en sus instituciones.

La justicia debe avanzar por el camino del derecho, de la igualdad y del turno objetivo de los procesos. No por el camino de los buñuelos.

Puede consultar el documento completo aquí: Derecho de petición

César Mauricio Mejía Alzate
Abogado