La gran mentira sobre los fondos privados de pensiones

En Colombia existe muchísima desinformación sobre los fondos privados de pensiones. Durante años, muchos sectores políticos —especialmente desde la izquierda radical— han construido la idea de que los fondos “se roban la plata”, “se quedan con el dinero” o “juegan con los ahorros de la gente”. Pero la realidad es muy distinta.

Pensemos esto de manera simple.

Hoy, un trabajador independiente que cotiza sobre un salario mínimo puede aportar aproximadamente $250.000 mensuales y afiliarse a un fondo privado de pensiones. Si cotiza de manera cumplida durante unos 20 años y cumple los requisitos legales, puede construir el derecho a recibir una pensión mensual de por vida, incluso hasta el día de su muerte.

Ahora hagamos una pregunta sencilla:
¿realmente parece un mal negocio ahorrar $250.000 al mes hoy para asegurarte un ingreso mensual mañana durante 20 o 30 años?

Porque eso es exactamente lo que ocurre.

Y aquí viene la parte que muchas personas no comprenden: ese dinero no puede quedarse quieto en una cuenta bancaria esperando décadas. El fondo tiene que invertirlo, ponerlo a producir, hacerlo crecer. ¿De dónde creen que sale el dinero para pagar pensiones durante tantos años?

Precisamente de la capacidad de inversión y generación de rendimientos.

Los fondos privados invierten esos recursos en empresas, proyectos, bonos, infraestructura, mercados financieros y distintos activos productivos. Es decir, toman el ahorro de millones de personas y lo convierten en capital que genera riqueza y rentabilidad.

Eso no es un robo. Eso es exactamente como funciona cualquier sistema financiero y cualquier inversión en el mundo.

Es parecido a sembrar una semilla hoy para recoger frutos mañana.

Porque si una persona aporta durante años una suma relativamente pequeña y luego recibe durante décadas un ingreso mensual garantizado, es evidente que ese dinero tuvo que multiplicarse y capitalizarse en el tiempo.

Y ahí es donde aparece la gran contradicción del discurso político.

Muchos atacan constantemente a los fondos privados, pero al mismo tiempo quieren que ese dinero vaya al sistema público para que el gobierno pueda administrarlo directamente.

La pregunta entonces es:
¿por qué tanto interés en quitarle esos recursos al sector privado?

Porque el ahorro pensional representa uno de los capitales más grandes que existen en un país. Y cuando ese dinero queda concentrado en manos del Estado, el riesgo político aumenta enormemente.

Por eso es importante entender algo fundamental:
los fondos privados no son una fundación de caridad; son un negocio financiero. Claro que generan utilidades. Pero precisamente gracias a que generan utilidades pueden sostener el pago de millones de pensiones futuras.

Y eso no tiene nada de malo.

Al contrario: significa que el dinero está produciendo riqueza en lugar de quedarse quieto perdiendo valor.

Por supuesto, ningún sistema es perfecto y siempre existirán cosas por mejorar. Pero convertir a los fondos privados en “enemigos del pueblo” es una narrativa profundamente equivocada y muchas veces construida desde la ignorancia económica o desde intereses políticos.

La verdadera discusión debería ser otra:
cómo fortalecer el ahorro,
cómo generar más empleo formal,
cómo aumentar la productividad,
y cómo construir un sistema sostenible para las futuras generaciones.

Porque al final, la pensión no nace de discursos políticos.
Nace del ahorro, la inversión y la capacidad de generar riqueza en el tiempo.

Y eso, nos guste o no, lo entienden muy bien quienes saben hacer empresa, inversión y mercado.

Cesar Mauricio Mejia Alzate