¿Qué necesita Colombia: más Estado para controlar la vida de las personas, o mejor Estado para servir al ciudadano y liberar su prosperidad?

Hay un movimiento muy poderoso que viene creciendo desde Argentina: la libertad avanza.

Javier Milei, presidente de Argentina, representa una visión liberal-libertaria que vuelve a poner en el centro tres ideas fundamentales: la vida, la libertad y la propiedad.

No se trata solo de política. Se trata de entender que el Estado no existe para dominar al ciudadano, sino para servirle. El ciudadano paga impuestos y, por tanto, merece seguridad, justicia, infraestructura, orden institucional y servicios públicos eficientes.

Un Estado gigantesco, costoso e ineficiente no libera: somete. No crea riqueza: la consume. No redistribuye prosperidad: muchas veces termina repartiendo dependencia.

Por eso me impacta tanto esta frase:

“El liberalismo es el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo, basado en el principio de no agresión y en defensa del derecho a la vida, la libertad y la propiedad.”

Esa idea resume algo esencial: cada persona debe poder trabajar, crear riqueza, proteger su familia, vivir segura y construir su futuro sin que el Estado la aplaste, la persiga o le arrebate lo que ha logrado con esfuerzo.

Colombia necesita dejar de mirar al Estado como un amo y empezar a exigirle como lo que debe ser: un administrador eficiente al servicio del ciudadano.

Hoy tenemos una oportunidad histórica. Más que elegir entre ideologías, debemos preguntarnos quién puede administrar mejor el país, quién puede generar confianza, atraer inversión, proteger la propiedad, garantizar seguridad y abrir camino a una verdadera prosperidad.

Porque el futuro no lo construyen los discursos. Lo construyen el orden, la libertad, la empresa, el trabajo y una administración pública seria.

Mira con calma. Sin fanatismos. Sin miedo.

Pregúntate cuál camino te acerca más a la libertad, al orden, a la seguridad, a la propiedad privada, al trabajo productivo y a una vida digna.

Porque cuando la libertad avanza, los pueblos dejan de sobrevivir y empiezan a prosperar.